Alimentação Original

Alimentación Original

“Amado, mi oración es que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma.” III Juan 1:2.

Nuestro cuerpo se forma con el alimento que ingerimos. En los tejidos del cuerpo se realiza de continuo um proceso de reparación, pues el funcionamiento de los órganos acarrea desgaste, y éste debe ser reparado por el alimento. Cada órgano del cuerpo exige nutrición…

Deben escogerse los alimentos que mejor proporcionen los elementos necesarios para la reconstitución del cuerpo. Em esta elección, el apetito no és una guía segura.

Los malos hábitos en el comer lo han pervertido…

Las enfermedades y dolencias que prevalecen por doquiera provienen en buena parte de errores comunes respecto al régimen alimenticio.

Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el plan original de Dios para la alimentación del hombre. El que creó al hombre y comprende sus necesidades indicó a Adán cuál era sua alimento. “He aquí-dijo-que os he dado hierba que da simiente,…y todo árbol en que hay fruto de árbol que dá simiente, seros ha para comer.” Gén. 1:29.

Los cereales, las frutas carnosas, las oleoginosas y las legumbres contituem el alimento escogido para nosotros por el Creador. Preparados del modo más sencillo y natural posible, son los comestibles más sanos y nutritivos. Comunican una fuerza, una resistência y un vigor intelectual que no pueden obtenerse de un régimen alimenticio más complejo y estimulante. (El Ministerio de Curación, 227-228)

El régimen señalado al hombre al principio no incluía ningún alimento de origen animal…

Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demonstró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseño la misma lección. Sacó a los israelitas de Egipto, y emprendió la tarea de educarlos para que fueram su pueblo. Por medio de ellos deseaba bendicir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino lo maná, “el pan del cielo”. Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto les fué concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Seguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y em privado, de modo que nunca revistió carácter permanente… El Señor “les dió lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas.” (Salmo 106:15).

Os que comen carne no hacen más que comer cereales y verduras de segunda mano, pues el animal recibe de tales producto el alimento que lo nutre. La vida que estaba en los cereales y en las verduras pasa al organismo del ser que los come. Nosotros a nuestra vez la recibimos al comer la carne del animal. ¡Cuánto mejor sería aprovecharla directamente, comiendo el alimento que Dios dispuso para nuestro uso!

La carne no fué nunca el mejor alimento; pero su uso es hoy día doblemente inconveniente, ya que el el numero de los casos de enfermedad aumenta cada vez más entre los animales. Los que comen carne y sus derivados no saben lo que ingieren. Muchas veces si hubieran visto los animales vivos y conocieran la calidad de su carne, la rechazarían con repugnancia…

Pensemos en la crueldad hacia los animales que entraña la alimentación con carne, y en su efecto en quienes los matan y en los que son testigos del trato que reciben. ¡Cuánto contribuye a destruir la ternura con que deberíamos considerar a estos seres creados por Dios!

La inteligencia desplegada por muchos animales se aproxima tanto a la de los humanos que es un misterio. Los animales ven e oyen, aman, temen y padecen. Emplean sus órganos com harta más fidelidad que muchos hombres. Manifestan simpatía y ternura para con sus compañeros que padecen. Muchos animales demuestran tener por quienes los cuidan un cariño muy superior al que manifiestan no pocos humanos. Experimentan un apego tal para el hombre, que no desaparece sin gran dolos por ellos.

¿Qué hombre de corazón puede, despúes de haber cuidado animales domésticos, mirar en sus ojos llenos de confianza y afecto, luego entregarlos con gusto a la cuchilla del carnicero? ¿Cómo podrá devorar su carne como si fuese exquisito bocado?…

¿Como pueden quitar la vida a seres creados por Dios y consumir su carne con deleite? Vuelvan más bien al alimento sano y delicioso que fué dado al hombre en el principio, y tengan ellos mismos y enseñen a sus hijos a tener misericordia de los seres irracionales que Dios creó y puso bajo nuestro dominio. (El Ministerio de Curación, 240-244)